lunes, 22 de septiembre de 2008

Redacción Abuela Manuela!

Cuando yo era pequeña, le tenía miedo a la oscuridad y al silencio de las noches de verano del Lepe que se queda desierto. Casi todas las semanas, mis padres salían a cenar, y yo me quedaba en casa con mi abuela, entonces me sentaba en el sillón y me acurrucaba por el miedo.

Mi abuela me cogía de la mano, y me llevaba con ella a su habitación. Me acostaba en su cama y se acostaba conmigo. Apagaba la luz, me contaba historias y me hacía reír como no lo ha hecho nadie nunca. Me contó miles de batallas de cuando era pequeña y vivía con su madre y sus hermanos.

Una de tantas noches me contó la siguiente historia:

“Cuando yo era pequeña, así con tu edad o un poquito más, estaba yo en casa con tus tíos y llegaron los padres del alcalde de allí, Don José y Doña Costanza, y yo les pregunte que si querían un poquito de café, del portugués de estraperlo que llevaba mi madre a Sevilla a vender, y me dijeron que sí. Yo no le eché tanta agua como necesitaba y salió más espeso.

Total que les lleve el café a la mesa, se lo bebieron, y al cabo de un ratillo, a Don José le empezó a temblar un brazo y Doña Costanza empezó a “cagarse por las patas abajo” y a correr por el pasillo de casa. Te imaginarás como puso aquello. ¿Y qué hice? Pues esconderme debajo de la cama. Cuando llegó mi madre y empezó a oler el “aroma” que echaba la casa, se puso a gritar como una histérica, “Manolita, ¿que está pasando aquí?” Yo seguía debajo de la cama, y claro como no salía, dijo mi madre de llamar al Alcalde y a la Guardia Civil, a ver si me había pasado algo. Cuando yo escuché “llamar a la Guardia Civil” salí escopeteada de debajo de la cama, e hice como si viniera de la calle. Cuando salí y mi madre me vio, me dijo “Manolita, ¿Dónde estabas?”, “En la calle” respondí yo. Mi madre no se lo terminó de creer y cuando llegó el alcalde se lo contó. El alcalde le dijo a mi madre que si yo lo decía, que era verdad. Aunque no se quedó muy conforme.”

Para mí, esa es la historia que más me hacia reír, y con ello, quitarme el miedo. Echo de menos esas cosas que hacíamos cuando yo era pequeña. Esas noches de verano, y los momentos inolvidables que hemos pasado y espero que sigamos pasando juntas.

1 comentario:

Ana Belén dijo...

Cinta, chapó!!!

Mira tu abuela Manolita que buena mano tenía con el café, eh??

Menos mal que el pobre del señor alcalde le salvó "el pellejo", que si no, una buena le hubiera caido a la pobre!!

un beso.